lunes, 9 de marzo de 2009

Watchmen, vacío posmoderno


Después de Sin City, 300 y Spirit, se estrena en estos días Watchmen tantos comics llevados al cine me hacen temer por lo que se trae entremanos Spilberg con Tintin. Como siempre en estos casos aparecerán sesudos ensayos comparativos original vs. versión cinematográfica. Esta vez creo que no defraudará nada watchmen en el cine porque para mi el comic original es "much ado about nothing" como decía en mi critica de hace 2 años:

Si bien Allan Moore en algunos de sus guiones logra crear historias novedosas que atrapan al lector en muchas otras no deja de ser un autor excesivamente pretensioso que no parece saber si lo que desea ser es un novelista. La verdad es que leer los segmentos de textos incluidos en las historietas en las que interviene Moore es muy tedioso para el lector de cómic que busca la experiencia del relato gráfico. Si se quiere leer para eso están las novelas, además a veces estos textos son largos, repetitivos, de baja calidad y aportan poco al desarrollo de la trama. Un cómic de adultos no tiene que robar nada a la escritura, tiene valía por si solo.
Watchmen es un claro representante de esta forma narrativa en la que se quiere disfrazar una absurda historia de superhéroes de algo mas, dándole un barniz intelectual y pretendiendo una falsa trasgresión. No es que el genero de superhéroes sea despreciable, es una gran fantasía americana como las películas del oeste con sus grandes momentos y sus bellísimos “revivals”. Pero las pretensiones vacías del postmodernismo hacen de Watchmen un monumento al aburrimiento, un cómic de acción con que se pierde en el palabrerío. Existe en toda la obra la pretensión de querer decir algo, pero es evidente que no se dice nada. El trabajo gráfico es bueno y la experimentación con el color es muy interesante, pero la secuenciación del serie deja lagunas y recortes poco logrados. Pero la parte gráfica no salva a la historia y como mucho de lo hecho bajo el influjo de la posmodernidad con el tiempo será evidente que la novedad no era tal y que siempre fue mejor el “real stuff”. Sorprende mucho que Watchmen sea considerado como uno de los hitos del cómic de los años 90, pero quizás esta sea la razón de la decadencia del genero de superhéroes en los últimos años. En mi opinión si Watchmen es imitado solo se logrará un gran salto hacia la vacuidad

domingo, 25 de enero de 2009

Tintin, 80 años no son nada…


Se cumplen 80 años de la publicación de “Tintin en el país de los soviets” que inicia la saga más paradigmática del comic europeo y define el estilo de la línea clara. Este aniversario me motiva a escribir unas lineas sobre Tintin y Hergé en mi blog. Esta vez no esperen de mi un análisis del comic exponiendo sus virtudes, ni una diatriba revisionista, tan de moda, para calificar a Hergé de reaccionario, eurocentrista y fascista. Sólo les diré que los hechos posteriores de la historia han dado la razón a muchos de los planteamientos vistos en las entregas finales de Hergé. Tampoco me dedicaré a discutir la inclinación sexual de un ser asexuado como Tintin. Por supuesto nunca se me ha ocurrido que Tintin sea gay, pero en su mundo de aventuras, las mujeres serían una distracción innecesaria; si te gustan las aventuras con mujeres tienes al 007. Mi opinión sobre Tintin es mucho más visceral y sólo puedo decir lo que Don Luis Romero contestó una vez cuando se le preguntó por qué le gustaba tanto “Casablanca” y se limitó a decir con su profundo acento andaluz antiguo “Obraaa Maaestraaa”.
Hoy voy a contarles lo que significa Tintin para mi. Tintin fue el primer comic que me enganchó en mi vida y me abrió las puertas a todo lo que he leído posteriormente, por supuesto Hergé fue el dibujante que quise emular durante toda mi infancia. Todavía recuerdo a mi abuelo con su grandes orejas regalándome una navidad cuatro libros de Tintin, todo un tesoro en un país periférico donde la lectura de un tebeo europeo era un esnobismo. Le estoy eternamente agradecido.
Creo que me leí “Tintin en el Tibet”, “La Isla Negra”, “Tintin en el pais del oro negro” y “El Loto Azul” veinte veces cada uno, en el siguiente mes. De más está decir que tuvo buen gusto el abuelo Pancho al escoger porque los cuatro siguen estando entre mis favoritos. Poco a poco por préstamos y más regalos logré leer la colección completa, salvo el primero que solo pude leer a los 20 años. Tintin y sus amigos se convirtieron en protagonistas de mi vida. Así que cuando suena el teléfono por un número equivocado espero siempre que pregunten por la carnicería Sanzot, no puedo pensar en una cantante de opera sin recordar a la estruendosa Bianca Castafiore, los policías me parecen todos unos Hernández y Fernández, todos los vendedores de seguros son unos Serafines Latón y alguna vez he soñado con compartir una bola de güisqui Loch Lomond en un cohete sin gravedad con el capitan Haddock. También me asombré con todo el mundo que me mostró Tintin en sus aventuras, con él oí por primera vez de cosas como el Tibet, la invasión japonesa a la china, el conflicto arabe-israelí, el tráfico de armas y seres humanos, el narcotráfico, la manera de conducir de los italianos, los prejuicios contra los gitanos, la verdadera naturaleza de las revoluciones y tantas cosas más. Por todo eso y mis muchas horas de placer releyendo sus aventuras quiero celebrar que Georges Remi haya tenido la gentileza de dedicar su vida a Tintin y así el periodista de bombachos marrones fuera parte indispensable de mi vida

lunes, 1 de diciembre de 2008

El Marsupilami, tan adorable


Desde hace 4 años se está volviendo a editar las aventuras de Spirou y Fantasio publicadas en los años cincuenta cuando Franquin dibujaba y escribía los guiones. Esta publicación recopilatoria en blanco y negro encierra un gran descubrimiento para el lector no especializado, un extraño animal procedente de la selva de Palombia. Fiel compañero de Spirou y Fantasio desde su descubrimiento en la selva, el Marsupilami es la máxima creación de Franquin. Se trata de un híbrido de leopardo con mono y koala que posee una cola más que larga y combina un gran curiosidad con un pésimo carácter. A lo largo de las distintas historias, este personaje es la clave para el desarrollo de todos los gags y los gags son el arma secreta del autor. El esquema narrativo de las aventuras de Spirou y Fantasio es una historia lineal muy breve con cierta intriga pero llena de muy largos gags que las hacen fascinantes. Nunca se pueden olvidar las correrías del marsupilami con una pistola de momolonta (un gas que ablanda los metales) por el muy frances pueblo de Champiñón. El mal humor del personaje permite conocer nuevos usos para una cola que rellena la totalidad de la viñeta y fácilmente se convierte en puño salvando Spirou de los tragicómicos villanos de la serie. Es mi opinión el marsupilami es quien logra el toque desternillante necesario cuando la trama se afloja. Así un personaje accidental se convierte en alma de una serie hasta el punto que cuando Franquin la deja, conserva los derechos sobre este personaje. La ligereza de los comics de Franquin los hace especialmente gratos a la lectura y sus gags tienen un efecto similar a los guiños de Chaplin, sencillos pero inolvidables. El Marsupilami resulta tan entrañable para el lector porque nos recuerdan tanto a ese hijo o hermano de 1 año que descubre el mundo, hace todo tipo de estropicios y aún así no podemos vivir sin él ni un solo día.

viernes, 7 de noviembre de 2008

Hadashi no gen, un testimonio nuclear


La extensa producción del Manga Japonés permite, como ocurría con el cine de la época dorada de Hollywood, que respetando ciertos parámetros formales de lenguaje, se publiquen historias realmente excepcionales. Este es el caso de Hadashi no gen publicada por Manga Line bajo el título de Hiroshima. Relato en parte ficción y en parte realidad de un superviviente de la tragedia de Hiroshima, Kieji Nakazawa. Este manga fue publicado en los años setenta y fue uno de los primeros que tuvo éxito en el mercado americano. Es un claro antecedente para el cómic testimonial-reportaje que tanto éxito ha dado a autores americanos con Spiegelman y Sacco.
Hadashi no gen nos relata en el formato manga clásico, con todos sus elementos gráficos característicos, la experiencia de vital de Gen, pies descalzos. Gen es el hijo de un pacifista denostado por sus vecinos en el japón belicista de la segunda guerra que con su familia es atrapado por la bomba americana, superviviendo para ver todos lo horrores que el siglo XX generó. Gen con su optimismo y ansia de vivir nos relata la agonía de las víctimas de la radiación y también su explotación como conejillos de indias. Nada mas atroz que su visión de la primeras víctimas de la Bomba y su exclusión social por el miedo que despertaban en la población no afectada. La lucha fallida de Gen por salvar a su madre y su hermana recién nacida Monoko de los efectos de la bomba y la malnutrición son un melodrama real que solo es comparable con los recursos desarrollados por el neorrealismo italiano.
Gen no solo nos cuenta los momentos inmediatos a la detonación, también nos introduce en facetas mas desconocidas de la Hiroshima de la postguerra como el trafico de alimentos por bandas organizadas y su uso de niños como soldados de guerra sin valor de reposición tan frecuente en otras partes de mundo en la actualidad. Nakasawa no deja, a lo largo de la historia de Gen, resquicio de la infamia humana sin tocar. Desde los políticos fascistas reciclados en el nuevo japón pasando por los abusos de los soldados americanos hasta la marginación social de los lisiados de guerra.
Todo nos es contado en el ámbito formal de un manga dejándonos el alma desolada, pero sin hacernos perder el optimismo como su protagonista siempre dispuesto a cantar una canción y animar a toda su pandilla.
La presentación editorial es excelente y el esfuerzo del traductor es innegable, haciendo a este manga una lectura imprescindible como testimonio de las locuras de la humanidad y extremadamente útil para comprender las consecuencias exactas de lo que veces se lee muy abstractamente como la Guerra.
Hoy en día parece seguro que este libro estaría dedicado al niño Ali.